Cauchemars

De cuando tienes sueños lúcidos y te levantas pensando en ese segundito en el que te mueves y abres los ojos… y en chinga te preguntas, ¿en realidad pasó?

Una cosa es tener sueños lúcidos medianamente fantásticos y otra cosa es tener pesadillas que se pueden volver realidad. Anoche soñé con la locura, la pura locura de las personas cercanas a mí. El miedo de sentirlos agresivos, esquizofrénicos, deprimidos, solos, tristes y felices (al mismo tiempo) en su viaje de enfermedad mental. El padre estaba loco y el hermano también. Yo pensaba, ¿y a mí, cuándo me tocará la cabeza la locura hereditaria?

Una tía muerta me pedía perdón… no, le pedía perdón a mi madre a través de mí. Un abuelo muerto me abrazaba y yo correspondía. Familia paternal cagándose de risa. Un camino a casa largo a pie por la oscuridad de Nicolás San Juan. El CUM con sus árboles impresionantes de día y terroríficos de noche. Caminaba sola porque me cerraban la puerta cuando quería subir al auto. Me dejaban ahí, sola. Mi familia me abandonaba para irse a casa seguros mientras yo, caminaba y lloraba.

El regreso a aquél departamento de mis pesadillas ya es habitual. Mi cuarto siempre fugando agua. Paredes casi podridas de color morado. SIEM.PRE Todo mojado. Mucha agua. Mucha. Esa ansiedad siempre es la misma. ¿Y ahora? Mi casa se hace pedazos. Todos se ríen de algo y nunca he logrado saber el chiste. Me preocupo y quiero salir corriendo de ese puto departamento. Me provoca inquietud y frustración porque por más que quiero salir de ese lugar, no puedo.

Una alberca llena de plantas acuáticas, tierra, suciedad. Mi padre en posición fetal cayendo más y más en la locura. Dice, “es tiempo de irme”. Se avienta a la alberca, nada como mariposa y de pronto ahí, se queda quieto y comienza a hundirse. El hermano se avienta, lo detiene y lo arrastra a la orilla. Un descuido y comienza a hundirse frente a mí. Me aviento a la alberca. Me da un miedo brutal pero me aviento. Tengo que salvarlo. Mientras me hundo poco a poco, el agua se vuelve azul y pienso en esa tristeza infinita de ver a mi padre deprimido, loco… sin ganas de vivir. Logro subirlo poco a poco a la superficie. Lloro y nadie se da cuenta, tengo mojada la cara y finjo que todo está bien.

Tengo frío en el pecho. Mi playera esta mojada. Sudor de sueños. Sudor de ansiedad. Me levanto con un hueco en el estómago. Qué incomodidad caray. Escribo en chinga: “Hola, todo bien por allá?”. Diez minutos después: “Sí, acá preparandonos para dormir”.

Cierro WA y me resigno como siempre después de estos sueños inquietantes. Sigo sintiendo un hueco enorme. A veces pienso que el perder contacto con las personas por más de dos o tres días, me hace sentir en una incubadora mental, fabrica de sueños lúcidos y pesadillas reales.

Apúrate, llévate una cámara, tal vez sea su último cumpleaños.

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