Morado con parches negros

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Ya había escuchado de alguien que mi papá tenía problemas con el alcohol. Y feos. De esos en los que podía amanecer tirado en la calle, en su auto o en el sillón de la casa, completamente descerebrado.

No lo creí y fui directo a casa tan pronto como pude. Estaba tirado en la sala. Borrachísimo. Al llegar lo vi y se despertó inmediatamente. Apenas si podía ponerse en pie. Como pudo, caminó a una silla que se encontraba en el comedor y ahí fue cuando vi su espalda y sus brazos. Las venas se le salían por la delgadez de su cuerpo. Eran unas venas moradas, casi negras. Eran desagradables a la vista, y muy a pesar de que era mi padre el que estaba ahí, sufriendo un alcoholismo terrible y en el que el espectáculo de los estragos físicos era real, no podía dejar de sentir esa tristeza tan pero tan terrible, que mi estómago se revolvía entre el asco y la lástima.

No me decía nada, ni una sola palabra. Sólo me observaba con una mirada tan perdida y tan consiente a la vez, que no sabía qué decir o qué pensar. Yo no quería ni siquiera decir algo, porque no tenía nada para él.

Pasaron cinco minutos y no aguanté más. Me pare, lo miré y le dije, “espero morirme primero, antes que tú, qué desilusión”. Mi primo que estaba al lado de él, me miró y dijo, “exacto”.

Me fui caminando por ese pasillo de ese segundo hogar, más por fuerza que por deseo. Llegué a mi cuarto y al voltear a la izquierda me encuentro con un cuadro terrible. Mi hermano, enfermo, tirado. Cansado. Muchos parientes que no logró saber quiénes son lo acompañan. Entro y preguntó sobre su estado de salud. Medio me informan y me dicen que “estará” bien. Es imposible hablar con él. No puede hablar de lo débil que está. Mi tristeza aumenta. Esta hundido en un sueño profundo.

Decido entrar a mi cuarto. Ese color morado de las paredes, ahora tienen manchas negras. Enormes. Carcomidas por el tiempo. Hay un poco de agua, igual, como siempre. Me subo dos metros y me encuentro en mi cama. Es exactamente la misma configuración de cuando vivía ahí. Me acuesto y comienzo a pensar que la situación está muy jodida. No sé qué voy a hacer. Mi padre se muere de alcoholico y mi hermano está enfermo. Recuerdo que que mi madre también moría y yo estaba ahí, sola, viendo cómo mi familia se desvanecía por enfermedad.

Me acuesto en mi cama y comienzo a pensar que esto no es real. Comienzo a llorar. Quiero despertar ya. No puedo. Esta vez lo lúcido llega pero estoy tan cansada que mi sueño es profundo y no puedo abrir los ojos.

Pienso que no es posible que haya regresado a mi país. No recuerdo el viaje en avión, ni las despedidas ni mi equipaje. No. No. No he regresado. Esto no es real. NADA de esto es real. Pienso que quiero despertar de nuevo. Lucho pero no puedo. Estoy muy cansada. Lo siento. Estoy MUY cansada.

Me bajo de la cama y me acuesto en el piso. Veo a mi hermano llegar, débil, delgadísimo y apenas susurrándome al oído me pregunta que qué veo. Que se lo describa. Le digo que es el mismo cuarto, ese cuarto de miedo y podredumbre. Morado. Pero que ahora la diferencia es que las paredes tienen manchas negras. Me pide que le siga contando. Sinceramente no quiero. Ya no quiero y comienzo a llorar inconsolablemente. Quiero despertar. Pero por alguna extraña razón le digo que quiero contarle bien del porqué siempre regreso al mismo cuarto morado. Que aprovechemos juntos que es un sueño para que me ayude a descifrar el significado. Me sonríe y con su voz queda, me dice que no luche, que efectivamente es un sueño. Me asegura que estoy muy cansada y que no lograré despertarme por ahora. Que mejor descanse y cierre los ojos.

Comienzo a llorar una vez más. La confusión es real. Sé que es un sueño pero también puedo sentirlo como algo que sucede y no puedo huir. De reojo veo a mi padre caminar por el pasillo. Sus venas moradas son cada vez más grandes, más saltonas. Cubre su cuerpo con una sábana sucia, rota. Está muy ebrio y sé que se va a morir. Lloro. Lloro mucho e intento y sigo luchando por despertar.

Al fin, mi respiración logra despertarme. Abro los ojos. Analizo mi alrededor en la oscuridad. No se bien a bien en dónde estoy, pero sé que no es ahí con seguridad. Siento como si hubiera llorado hace un rato nada más. Logro incorporarme y me siento al borde mi cama. Bebo un poco de agua y pienso que mis sueños realmente están bien jodidos.

Nunca nunca he visto a mi padre cayéndose de borracho ni enfermo. En mis 38 años de vida, lo he visto si a caso dos veces medio pedo. Hasta ahí. Verlo así, en mis sueños, era impresionante. Era triste. Verlo casi morir y ver a mi hermano en un estado tan en descomposición, me revuelven el estómago nada más de escribirlo. Mis sueños pueden ser muy terribles. En serio.

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